Breve historia de la Provincia

Primeros siglos

Enviados por Santo Domingo de Guzmán, los primeros Frailes Predicadores, bajo la guía del Venerable fray Miguel de Fabra, penetraron en los territorios de la Corona de Aragón hacia el año 1219. Y pronto sobresalió la nueva Orden con los frutos de santidad de San Ramón de Penyafort, que fue sucesor de Santo Domingo en el supremo magisterio de la Orden, y los demás frailes ilustres, entre los cuales caben destacar a fray Ramón Martí, fray Bernardo de Travesseres, fray Ponce de Planelles, fray Pedro de Cadireta y fray Miguel de Bemiasar. Se fundaron entonces los grandes conventos de Barcelona, Zaragoza, Palma de Mallorca, Lérida, Valencia, etc. Es en este siglo cuando se crean las significativas Escuelas de Lenguas Orientales, además de consagrarse en otros ámbitos a la enseñanza y a la predicación así como ocupando sedes episcopales.

Así en el siglo XIII en el Reino de Aragón existían los Conventos de Zaragoza (Predicadores, h. 1221), Huesca (Predicadores, 1254) y Calatayud (San Pedro Mártir, 1255). En Cataluña los de Barcelona (Santa Catalina, Virgen y Mártir, h. 1219-1221), Tarragona (Predicadores, 1250), Gerona (La Anunciación, h. 1253), Lérida (Predicadores, 1230), La Seo de Urgel (Predicadores, aceptado por la Orden en 1266, por consejo de San Raimundo y fundado en 1273). En el Reino de Valencia había dos Conventos: Valencia (Predicadores, 1239) y Játiva (Predicadores, 1291). Y en las Baleares el de Palma de Mallorca (Predicadores, 1230).

La Provincia fue constituida en 1301 por el Capítulo general de Colonia y se le señalaron los territorios de la Corona de Aragón (integrados por los Reinos de Aragón, Valencia, Baleares y Condado de Cataluña) así como los Reinos de Navarra y Murcia. Poco tiempo después se le anexionó la isla de Cerdeña y una serie de conventos de Rosellón y Cerdaña pertenecientes a los dominios del Rey de Aragón. Al constituirse, en 1514, la Provincia de Andalucía, Murcia pasó a integrarla. En 1569 los conventos de Navarra pasaron a la Provincia de España; y, por último, los conventos de Perpignan y de Cáller a la Provincia Occitana, en 1670, por decisión del Capítulo general.

 

 

 

En los siglos XIV y XV, sus religiosos siguieron las directrices emanadas de las figuras señeras del siglo XIII, aunque ciertamente truncadas por la denominada "Peste Negra". Superada lentamente la situación, continuaron entregados a la enseñanza y a la predicación, aceptando, en cierto sentido, las nuevas corrientes ideológicas y religiosas. Caben destacar en este tiempo al Beato Dalmacio Moner y la acción apostólica de San Vicente Ferrer, que proyecta sobre toda Europa un sentido auténtico de renovación cristiana y religiosa, pudiéndose hablar de una verdadera reforma a través de su predicación, con discípulos en todos los sectores eclesiales.

En esta línea de reforma, Jaime Gil en 1440 la instaura en la Provincia en el convento de Cervera, y es nombrado por el Maestro de la Orden, Bartolomé Texier, primer Vicario de la Congregación de la Observancia. Las directrices de la misma son las de la Congregación de Lombardía. A la Congregación aragonesa se van uniendo diversos conventos, fundánose algunos nuevos (como por ejemplo los de Gotor y Montalbán, en estrecha relación con la línea reformista castellana). La conexión de esta corriente observante con los conventos no reformados hace que en 1529 el Real Convento de Predicadores de Valencia, a instancias de Rafael Castell y Amador Espí, tome la iniciativa de la reforma de la Provincia. Es así como, bajo los auspicios del cardenal García de Loaysa, dominico, llega a Valencia Domingo de Montemayor, Prior del convento de San Esteban de Salamanca, y un grupo de religiosos de la Provincia de España. Viene en calidad de Visitador, y, posteriormente, en 1531, es nombrado por el Papa Prior provincial, suprimiéndose la Congregación de Observancia. Su inmediato sucesor fue el Venerable Juan Micó, quien consigue que la reforma, superando algunas dificultades, llegue a todos los Conventos de la Provincia.

 

 

 

La Provincia en el Nuevo Mundo

Entre 1507-1508 Domingo de Loaysa, que se encontraba en Italia estudiando, expresó a sus Superiores Mayores el deseo de los Dominicos españoles de ir a anunciar el Evangelio en las tierras descubiertas recientemente. Por otra parte, en Pentecostés de 1508 se celebró en Roma el Capítulo general que entre otros asuntos trató del posible envío de misioneros a dicho Nuevo Mundo. Esta inquietud fue inmediatamente recogida por las pertinentes autoridades.

Una de las consecuencias del Real Patronato indiano, concedido por el Papa Julio II a la Corona española el 28 de julio de 1508, fue la de que la Real Hacienda se hacía cargo de los gastos que llevaban consigo las expediciones misioneras autorizadas, integradas por miembros de diversas Ordenes religiosas, fundamentalmente serán franciscanos, mercedarios, dominicos, agustinos, jesuitas y capuchinos. Pero además de que la Corona hilaba fino para conceder los permisos para tales tierras, la Provincia dominicana de España estaba culminando el proceso de su Reforma. Estos motivos fueron, entre otros, los que provocaron que el primer grupo de frailes se hiciera a la mar desde Sevilla sólo a mediados de julio o comienzos de agosto de 1510. Iniciándose así unos envíos en los que también tomaron buena parte los miembros de la Provincia de Aragón y es que la gigantesca labor dominicana en el Nuevo Mundo no fue nunca responsabilidad de una sola Provincia.

El alistamiento fue siempre, al menos como norma, voluntario y no implicaba necesariamente su permanencia en Indias de por vida, aunque debían estar por lo menos diez años, si no surgían impedimentos de fuerza mayor. Jugaba un papel de primer orden la labor persuasiva -tanto oral como escrita gracias a exhortaciones, relaciones histórico-descriptivas, cartas privadas, etc.- tanto de los frailes reclutadores como de los que tenían experiencia americana, procurando así superar los posibles factores contrarios a dicho alistamiento (labor disuasoria también oral o escrita, resistencia de los Superiores, penuria de personal, etc.). Inclusive en ciertos momentos para incitar a tal alistamiento se recurrió a medios tales como conceder ciertas gracias espirituales, honores y privilegios.

Pero la admisión para integrar la expedición no era inmediata, pues debían poseerse los requisitos requeridos para ser considerado idóneo. Requisitos fundamentalmente según la legislación de la Corona (voluntariedad, preparación intelectual, cualidades morales, edad, nacionalidad), pues no se conocen los relativos a la propia Orden y si es que los hubo, presupondrían los de la autoridad civil.

Una incipiente aproximación estadística sobre estos envíos desde 1510 hasta 1806, es la siguiente: las 129 expediciones las integraron 1.837 frailes, de los cuales 680 eran miembros de la Provincia de Aragón; esta última cifra se reparte bastante equitativamente entre las tres grandes zonas que abarcaba: Aragón, Valencia y Cataluña.

Por otra parte, los hijos de Santo Domingo iniciaron su importante presencia en Filipinas a partir de 1587, siendo dichos territorios «cabeza de puente» para su presencia evangelizadora en el resto del Extremo Oriente (China, Formosa, Japón, Indochina, Tonkín, etc.) y los frailes de la Provincia se inclinaron de modo significativo a ella. Los dominicos españoles tuvieron una inclinación cada vez mayor por aque-llos lugares más necesitados de misioneros que los americanos, cuyas zonas de misión no presentaban ya tanta urgencia.

Muchos religiosos de la Provincia alcanzaron la palma del martirio, entre los cuales deben ser destacados: Jacinto Castañeda, Francisco Gil de Federich, Pedro Almató, Clemente Ignacio Delgado, Jerónimo Hermosilla, Jacinto Orfanell, Luis Eixarch y Bertrán, Domingo Castellet, Pedro Sanz y Joaquín Royo, entre otros, que entregaron sus vidas en diversas épocas que van desde el siglo XVI al XIX.

Hasta la exclaustración

Heredero del espíritu del ya mencionado Juan Micó y de los hombres de las décadas de los años 30 y 40 del siglo XVI es San Luís Bertrán, que también estuvo casi un decenio de misionero por tierras de la actual Colombia. Bajo su influjo, la Provincia alcanza su máximo esplendor a finales de este siglo. Varios de sus hijos espirituales acceden a sedes episcopales y aplican con celo la reforma impulsada por el Concilio de Trento. Otros, regentaron diversas cátedras universitarias y se conoció un florecimiento extraordinario de la piedad y de la ciencia, especialmente en los campos filosófico y teológico. Dignos de mención, entre otros frailes de esta época, son los Venerables Domingo Anadón, Jerónimo Bautista de Lanuza, Antonio Creas y Julián Font y Roig. Nos encontramos ante una espiritualidad basada en una rigurosa ascética, de signo penitente y proyección misionera, que dio paso a formas de santidad sencillas junto a hombres de gran talla humana, en un ministerio tanto menos brillante cuanto más eficiente.

En el momento de la exclaustración general de los religiosos, dispuesta por las leyes españolas de 1835, la Provincia contaba con 65 conventos, 11 de los cuales tenían noviciado propio. Un año antes se había hecho una estadística general de los frailes de la Provincia; por ella sabemos que había un total de 1.159 religiosos y 34 novicios.

 

 

 

 

 

 

Los frailes exclaustrados desarrollaron una meritoria labor evangelizadora en el antiguo territorio de la Provincia o en países de misión. Destacaron especialmente José Sadoc Alemany, primer Arzobispo de San Francisco de California, y San Francisco Coll y Guitart, misionero popular en tierras de Cataluña y fundador de la Congregación de las Hermanas Dominicas de la Anunciata.

 

 

La restauración de la Provincia

En el Capítulo de la Provincia de España, celebrado en Oviedo del 26 de abril al 12 de mayo de 1912 el Definitorio propuso al Padre Maestro de la Orden, Jacinto Mª Cormier, esta restauración en los siguientes términos: «Siendo así que la muy ilustre Provincia de Aragón, de tan grandes varones, y resplandeciente en otros tiempos con tantos Santos, cuenta ya en el presente con tres Conventos, a saber, la Casa de Manacor, reasumida en el año 1908, la Casa de Barcelona, restaurada en el año 1889, y la Casa de Valencia, instaurada por los Padres de la Provincia de Filipinas, en 1891, con el consenso del Capítulo general de Viena, que ha sido ofrecida con gusto por el querido Padre Provincial de la Provincia de Filipinas, fray Buenaventura García de Paredes, de acuerdo con su Consejo, si se restaura la Provincia, a los Padres Definidores de este Capítulo, después de haber pensado el asunto delante de Dios, les ha parecido llegada la hora deseada de restaurar la Provincia".

El Padre Maestro de la Orden, acogió con gran satisfacción el voto del Definitorio del Capítulo provincial de Oviedo y promulgó el decreto "Gratulanda Nobis" por el que restauraba la Provincia el 26 de octubre de aquel mismo año, siéndole asignado el mismo territorio que le correspondía en el siglo XIX. Por delegación del mismo Maestro de la Orden, el ejecutor del decreto fue el Padre Provincial de España, Esteban Sacrest, natural de Olot (Girona) y era Socio del Maestro de la Orden para España el Padre Coderch, oriundo de Figueras (Girona); o sea, los dos nacidos en el territorio de la nueva Provincia.

El Padre Esteban Sacrest procedió a ejecutar el decreto, trasladándose al Convento de Santa Catalina de Barcelona y el día 7 de noviembre de aquel 1912 declaró restaurada la Provincia de Aragón, con todos sus derechos, deberes y privilegios. El mismo día y en el mismo Convento dio posesión al nuevo Padre Provincial, nombrado por el Padre Maestro de la Orden: Padre Secundino Martínez, Prior que era del Convento de San Esteban de Salamanca.

Los primeros Priores de los tres Conventos requeridos para formar una Provincia, nombrados por el Maestro de la Orden, fueron: para Barcelona el Padre Luis Guitart; para Manacor el Padre Vicente G. Cifre; y para Valencia el Padre Julián Rivilla. Los frailes que integraron la nueva Provincia, hasta el nú-mero de cuarenta, eran, en su mayor parte, de la Provincia de España, más unos pocos -los de Valencia- de la Provincia de Filipinas. Algunos de ellos eran oriundos de estas tierras del Antiguo Reino de Aragón, que pidieron ser trasladados a sus tierras de origen. Otros solicitaron el traslado, siendo de otras regiones de España: gallegos, asturianos, castellanos, navarros... En este número de cuarenta había seis Estudiantes profesos solemnes, todos ellos nativos de estas tierras, que el primer año residieron en el Convento de Santa Catalina de Barcelona, y al año siguiente fueron trasladados a Solsona.

El día 27 de abril de 1917 comenzó la celebración del primer Capítulo provincial electivo en el Convento de Predicadores de Valencia, en el que fue elegido Provincial el Padre Luis Guitart Lladó, Prior del Convento de Santa Catalina de Barcelona.

La Provincia sentía hambre de crecimiento. Los Padres capitulares encomendaron al Provincial que se fundase una Casa en Palma de Mallorca y otra en el territorio de Aragón, fuera en una ciudad o en un pueblo. Es más, piden que fundase una Casa misional en «tierras de Ultramar», pues parece «necesaria y urgente» para librar a nuestros frailes jóvenes del servicio militar.

En el Capítulo de 1921 fue reelegido el Padre Guitart. Era el año que conmemoraba el VII° Centenario de la muerte de Santo Domingo de Guzmán y las fiestas que con este motivo se celebraron en todos los Conventos y Casas de la Provincia tuvieron resonancia nacional e internacional.

En este Capítulo hay una petición al Padre Maestro de la Orden que demuestra que la Provincia se siente con mayoría de edad, y es la «postulación» de que su Casa de Estudios fuera elevada a la categoría de Estudio General en la Orden. El Padre Maestro de la Orden pidió los datos pertinentes y concedió la categoría solicitada al Convento de Valencia. Fue propuesto y nombrado por el Padre Maestro primer Regente el Padre Francisco Calvo.

El Padre Narciso Salazar, elegido en el Capítulo provincial celebrado en 1925 se presenta a la Provincia como un amigo que pide fidelidad a los medios que la Orden tiene como propios para cumplir su misión: las observancias, la oración, el estudio. Insiste en la fuerza interna que dan la oración y el estudio, como disposición que crean el clima propicio para la contemplación, que derivará en predicación evangélica.

De entrada, la noticia más destacada que ofrece este Capítulo es la licencia otorgada por el Arzobispo de Zaragoza para la fundación de Calanda, una villa de la provincia de Teruel, en el Bajo Aragón, perteneciente a la diócesis de Zaragoza. Allí residió, durante unos años una Comunidad de Carmelitas Descalzos pero abandonó la casa y los dueños, muy afectos al Padre Narciso Salazar, la ofrecieron a la Orden, cediendo generosamente una amplia zona de feraz huerta. El 17 de julio de 1925 comenzaron las obras de acomodación del edificio para instalar la Escuela Apostólica, y el 3 de octubre, vigilia de la fiesta de la Virgen del Rosario, se trasladaba allí la Escuela Apostólica de Solsona. El Convento de Solsona fue cerrado el 26 de abril de 1929.

Por tercera vez fue elegido el Padre Guitart Provincial en 1929. Este Capítulo se retrasó hasta noviembre por haber renunciado al cargo de Maestro de la Orden Padre Buenaventura García de Paredes. El Capítulo General electivo se celebró en septiembre de 1929 y fue elegido Maestro General el Padre fray Martín Estanislao Gillet. Al principio de su gobierno llamó a Roma al Padre Manuel Montoto, nombrándolo Socio suyo y miembro del Consejo Generalicio y Provincial de Grecia, llegando a ser Vicario General de la Orden. Fue un gran honor para la Provincia.

Una noticia muy significativa fue que el Padre Santiago Meseguer fue nombrado catedrático de Teología en el Seminario Metropolitano de Valencia por el Arzobispo Prudencio Melo. Los dominicos iban adquiriendo significación en la Archidiócesis valentina.

El Padre Arsenio Puerto formó parte del grupo de los primeros voluntarios que llegaron a la Provincia de Aragón el año 1912. En 1933 era Prior de Manacor y fue elegido Provincial en el Capítulo celebrado este año. El provincialato debía terminar en la primavera del año 1937, pero la guerra -que comenzó en julio de 1936- hizo que, por determinación del Padre Maestro de la Orden, se prolongara hasta el mes de octubre de 1939.

La provincia en 1936

La inseguridad de la situación era cada día más alarmante. Por eso el Consejo de Provincia encargó al Padre Antonio Huguet que hiciera gestiones ante unos amigos suyos del Sur de Francia para buscar una casa para trasladar a nuestros jóvenes formandos mientras duraban las circunstancias amenazantes en España. El Padre Huguet tuvo la oferta gratuita de unos amigos que cedían una casa capaz para unos cuarenta religiosos, con oratorio y una amplia finca. Pero no llegaron a trasladarse, a causa de la confianza de muchos Padres graves que pensaban que nada iba a pasar.

La Provincia contaba en esta época con un poco más de un centenar de religiosos profesos: ochenta y tantos en territorio español y los restantes en Chile y Argentina.

Cuatro Casas del territorio peninsular, más la Vicaría de la Casa Natalicia de San Vicente (El Pouet) en Valencia y la Vicaría de Madrid, fueron saqueadas y expoliadas radicalmente, siendo pasto de las llamas las bibliotecas y archivos, los enseres de los religiosos y muebles, así como las iglesias o capillas y los ornamentos, vasos sagrados, además de todas las imágenes o cuadros de arte.

Los religiosos tuvieron que salir de sus casas y esconderse en domicilios de personas seglares, amigos piadosos, logrando escapar algunos de la persecución cruenta. Algunos fueron detenidos, aunque lograron salir con vida de la cárcel. Otros fueron fusilados, sin previo juicio, por el hecho simple de ser religiosos (presbíteros, estudiantes de votos solemnes o simples, novicios o hermanos cooperadores, profesos o novicios). Fueron 28 los que dieron su vida, siendo beatificados por Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001 (Mártires de la Provincia en el año 1936: www.dominicosaragon.org/beatos)

La Casa de Manacor fue la única que escapó a la furia de la devastación y persecución personal de los religiosos, aunque a dos de ellos, que estaban ejerciendo el ministerio en la Península, les llegó también la persecución, que lograron eludir.

Hasta nuestros días

Superado este doloroso período, la Provincia resurgió con nueva vitalidad apostólica y así además de los existentes en Barcelona, Valencia y Manacor, se fundaron desde 1939 hasta nuestros días diversos Comunidades y Colegios en: Valencia, Zaragoza, Cardedeu, Madrid, Torrent, Barcelona, etc.

La expansión misionera propiciada desde las primeras décadas de este mismo siglo, posibilitó establecer comunidades en Uruguay (1937 y 1940), Argentina (1971) y Paraguay (1969 y 1989), que constituyen el actual Vicariato Regional de América del Sur. También se hizo presente en Guatemala y Panamá, que actualmente forman parte de la Provincia de Centroamérica.

A principios de la década del 60 se fue configurando la excelente Biblioteca Provincial, ubicada en el Convento de N.P. Santo Domingo, de Torrent. Por otra parte, el 23 de enero de 1974 se obtuvo la erección pontificia de la Facultad de Teología "San Vicente Ferrer" de Valencia, cuya responsabilidad y gestión corren a cargo de la Provincia juntamente con la Diócesis de Valencia. De su Sección Dominicos dependen las revistas Escritos del Vedat (anuario), Teología Espiritual (trimestral) y CR (bimestral).

El Instituto Histórico de la Provincia, remodelado en 1991, actualmente tiene tres secciones: el Archivo Histórico de la Provincia (en el Convento de Predicadores, de Valencia), el Centro de Investigación y Publicaciones, y el Museo de la Provincia (en el Convento de N.P. Santo Domingo, de Torrente).

Entre otros, logros de los últimos años son: el Centro "Interioridad, Paz, Contemplación", en Valencia; el Centro "Teología y Humanismo", en Barcelona; la Editorial Edibesa, en Madrid; el "Centro Padre Congar de Documentación Ecuménica", con sede en Valencia; el Instituto Superior de Ciencias de la Familia, en Valencia; la "Biblioteca Padre Congar", en Palma: y en Valencia también, la "Cátedra Tres Religiones" y el "Aula de Predicación San Vicente Ferrer".

 

Serie cronológica de los priores provinciales desde la restauración de la Provincia en 1912

 120 Fray Secundino Martínez Álvarez 1912
 121  Fray Luis Guitart Lladó 1917
 122  Fray Luis Guitart Lladó (bis) 1921
 123  Fray Narciso Salazar Sena 1925
 124  Fray Luis Guitart Lladó (ter) 1929
 125  Fray Arsenio Sánchez Puerto 1933
 126  Fray Vicente Monserrat Meliá 1939
 127  Fray Vicente Monserrat Meliá (bis) 1943
 128  Fray Manuel Fortea Soler 1947
 129  Fray Justo Fernández Álvarez 1951
 130  Fray Miguel Gelabert Sansó 1955
 131  Fray Miguel Gelabert Sansó (bis) 1959
 132  Fray Jesús Mª Azagra Usón 1963
 133  Fray Claudio Solano Latorre 1967
 134  Fray Lorenzo Galmés Más 1971
 135  Fray José Mª Escámez Sánchez 1975
 136  Fray Feliciano Paredes Gascó 1977
 137  Fray Domingo Castro Díez 1979
 138  Fray Juan Antonio Tudela Bort 1983
 139  Fray Juan Antonio Tudela Bort (bis) 1987
 140  Fray Sebastián Fuster Perelló 1991
 141  Fray Juan José Gallego Salvadores 1995
 142  Fray Antonio García Lozano 1999
 143  Fray Antonio García Lozano (bis) 2003
 144  Fray Esteban Pérez Delgado 2007
 145  Fray Esteban Pérez Delgado (bis) 2009

 

En el Catálogo de la Provincia correspondiente a los años 1972-73 puede verse el elenco completo de los Priores Provinciales habidos desde la constitución de la Provincia, en 1301.

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