Real Convento de Predicadores. Valencia

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Cirilo_54

 Real Convento de Predicadores

 
Fund.: 1239 y Rest.: 1891
Cirilo Amorós, 54
46004 VALENCIA
 
 
 
 
Comunidad
 
Fr. Juan Mengual Moll,
        Lic.Teol., Prior
Fr. Sebastián Fuster Perelló,
       Dr. Teol. Mtro. Sda. Teol.,
Fr. José Esparza Tolosa,
       Dr. Teol., Grad. Soc.,
Fr. José Martinez Marín
Fr. Juan Antonio Tudela Bort,
       Lic. Teol., Dr.. Fil.      
Fr. José Manuel Alcácer Orts,
       Dr. Teol., Lic. Sgda. Escr., Lector conventual 
Tel.: 963 51 77 50;
Fax: 963 51 44 85
E-mail: predicadores.ar@dominicos.org
 
 
 
 
 
 
 
Fr. Emilio García Montserrat,
       Hermano Cooperador
Fr. A. Ángel García Santos,
       Dr.Teol., Lic.Sgda.Escr., Ingen.Técn.Industr. Síndico
Fr. Pascual Notari Almela,
       Bach. Teol.,
Fr. Domènec María García i Vila,
       Lic. Teol., Lic. Cienc. Cat. Mter. Orient. y Med. Fam.
Fr. José Ramón de la Osa
       (De la Provincia de España)
 
 
 
Presbíteros................................................. 10
Hermanos cooperadores.................................1
Total ..........................................................11
 
 
 RASGOS HISTORICOS DEL CONVENTO Y LA BASILICA
 
Si bien los dominicos de la Provincia de Aragón institucionalmente abandonaron la ciudad por la exclaustración de 1835, su presencia fue instaurada por los Padres de la Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas en 1891.    El 12 de octubre de 1916 se trasladaron al edificio -aún sin terminar- de reminiscencias neogóticas, adosado a la iglesia que se estaba construyendo y que sería la Basílica de San Vicente Ferrer y sito en la calle Cirilo Amorós nº 54 esquina Isabel la Católica.  En 1936 Convento e Iglesia fueron saqueados y expoliados totalmente.
     El día 19 de abril de 1971, festividad de San Vicente Ferrer, el P. Provincial bendijo el actual edificio del Convento, que en seis plantas, además de la residencia de los religiosos, Fraternidad de Dominicos Seglares, Revista "Cultura Religiosa", Curia Provincial, etc., alberga entre otras institucions: las
aulas de la Facultad de Teología "San Vicente Ferrer" -Sección Dominicos; la Escuela Universitaria de Ciencias de la Familia -Sección Valencia dependiente de la Universidad Pontificia de Salamanca; la Cátedra de las Tres Religiones; el Centro Padre Congar de Documentación Ecuménica; Amistad Judeo-Cristiana; Grupo "Tabita" de viudas cristianas; Orfeón "Manuel Palau", etc. 
 
BASÍLICA DE SAN VICENTE FERRER
 
     Fue proyectada por Joaquín Mª Arnau Miramón y terminada por Francisco Almenar Quinzá. Su esquema general sería el de un templo neogótico tratado de manera muy ortodoxa, sin ninguna concesión al modernismo. El proyecto definitivo tiene la fachada principal por la calle Cirilo Amorós y tiene otra entrada por la Gran Vía Marqués del Turia.
     La primera piedra se bendijo el día 7 de marzo de 1906. La obra fue dirigida por Francisco Estruch. El 12 de octubre de 1916 fue bendecida, no terminada pero habilitada para el culto en su nave central, por el Obispo de Mallorca, Rigoberto Doménech. Estuvieron presentes canónigos de la Catedral, e Padre Provincial, numerosos religiosos de la Orden, autoridades locales y gran cantidad de gente. Fueron padrinos Eugenio de Mazarredo, marqués de Lara, y su hermana Pilar de Mazarredo.     Los grandes bienhechores de la construcción del templo, así como del Convento, fueron Pilar Mazarredo, viuda de Zubálburu, y la marquesa de San Joaquín, Filomena Tamarit.
 
Posteriormente se construyó el cimborrio, el trascoro, la sacristía y la capilla de la Comunión, todo ello en 1919. El día 12 de octubre de 19221 fue consagrada solemnemente la iglesia. Ofició como consagrante el dominico Manuel Prat, Obispo misionero en Extremo Oriente. Al día siguiente ofició de Pontifical en la misma iglesia el Arzobispo de Valencia, Enrique Reig y Casanova, nombrado poco después Arzobispo y cardenal de Toledo, predicando el cardenal Arzobispo de Burgos, Juan Bautista Benlloch y Vivó, siendo madrina de la consagración de la iglesia Pilar de Mazarredo. En 1936 fue saqueada, siendo quemados todos sus altares y estatuas.
El día 13 de junio de 1951, el Papa Pío XII concedió a este templo el título de Basílica menor.
 
    La iglesia fue ornamentada con vidrieras de Maumejan, de Madrid, representando escenas de la vida de San Vicente Ferrer, las de la nave principal, o de los Misterios del Rosario, en el crucero y ábside; algunas hubo que restaurarlas después de la guerra. Los candelabros, lámparas y rejería eran obra del forjador Capilla, si bien únicamente se conserva la verja del altar mayor forjada en piezas independientes,
 
Este altar es realzado por un airoso baldaquino y en torno a él están las dos graderías del coro donde se colocan los religiosos, el cual está presidido por una contemporánea monumental imagen de San Vicente Ferrer. También es destacable el airosos y monumental púlpito de mármol de estilo neogótico que rodea una de las columnas del crucero.      La iglesia es de planta de cruz latina, tiene atrio, tres naves, crucero cuatro capillas por lado y ábside con girola. La estructura es de arcos centrales apuntados que, arrancando sobre pilastras de haces de columnas adosadas, descargan en los de las naves laterales y contrafuertes exteriores. La cúpula sobre el crucero de planta octogonal y su elevado tambor la constituye en un verdadero cimborrio. En las pechinas se impostan unas monumentales esculturas erectas de los papas dominicos San Pío V, Benedicto XI, Inocencio V y Benedicto XIII.
    Las naves se cubren con bóvedas de crucería sostenidas por pilastras de haces de columnas adosadas y capiteles corintios. La fachada tiene torres coronadas con agujas caladas y en el cuerpo central portal ojival y gran rosetón      La iglesia es de planta de cruz latina, tiene atrio, tres naves, crucero cuatro capillas por lado y ábside con girola. La estructura es de arcos centrales apuntados que, arrancando sobre pilastras de haces de columnas adosadas, descargan en los de las naves laterales y contrafuertes exteriores. La cúpula sobre el crucero de planta octogonal y su elevado tambor la constituye en un verdadero cimborrio. En las pechinas se impostan unas monumentales esculturas erectas de los papas dominicos San Pío V, Benedicto XI, Inocencio V y Benedicto XIII.
 
Las naves se cubren con bóvedas de crucería sostenidas por pilastras de haces de columnas adosadas y capiteles corintios. La fachada tiene torres coronadas con agujas caladas y en el cuerpo central portal ojival y gran rosetónLa primera capilla del lado de la derecha de la puerta principal está vacía; la siguiente dedicada a la Virgen de los Desamparados, con una imagen de San Martín de Porres; la posterior a San Luis Beltrán y la otra a Santo Tomás de Aquino, siendo la imagen de talla obra de José Justo. En el altar del crucero recibe culto la imagen de Santo domingo de Guzmán, escultura realizada por Vicente Navarro; junto a la mesa del altar, sepulcro con figura yacente del Venerable fray Miguel de Fabra, fundador del antiguo Convento en 1238.
 
En el pasillo derecho de la girola, imagen del Santísimo Cristo de la Agonía, del escultor Carmelo Vicent. Atravesando este deambulatorio se accede, por el otro lado, a la capilla de la Comunión, recinto abovedado en estilo neogótico, en cuya cabecera hay tres vidrieras que representan las virtudes teologales (Fe, Esperanza, Caridad) y con un bellísimo Sagrario realizado en Valencia el año 1946.
     El altar del crucero del lado del Evangelio o izquierdo se decora con un monumental retablo en alabastro dividido en quince compartimentos con escenificaciones en relieve de los Misterios del Rosario. En las entrecalles y flancos de este retablo figuran imágenes de santos, beatos o venerables especialmente afectos a esta devoción propagada por los dominicos. Todo este conjunto fue esculpido por José Justo Villalba. El grupo escultórico en madera tallada muy policromada situado en la hornacina que centra el expresado retablo es obra del escultor Vicente Navarro.
     El altar colateral de la nave izquierda está dedicado a San José, siendo la imagen policromada en madera obra del escultor José Esteve Edo. En los flancos del propio retablo, imágenes modernas de Santa Inés de Montepulciano y de Nuestra Señora de Fátima, a un lado y de Santa Teresa de Jesús, al otro.
     Las capillas inmediatas están dedicadas a Nuestra Señora del Pilar, Virgen de Montserrat y Santa Catalina de Siena, esta última decorada en su frontis con sendos óleos murales sobre escenas relativas a dicha santa dominica, firmados por francisco Lozano en 1940
 
 
Nuestros antepasados  - "hijos de santos somos"
 
Fray Miguel de Fabra
Fue uno de los primeros seguidores de Santo Domingo en la región del Languedoc; le envió a fundar a París en la disper­sión de 1217. Parece que a finales de 1219, o quizás en 1221, fue elegido para fundar en Barcelona. Es cierto que en mayo de 1220 Honorio III dirigió una bula al Arzobispo de Tarragona, Sparago de Barca, en que manifestaba su convicción de que Dios había suscitado la Orden de Predicadores y rogaba que le otorgara favor. El 7 de diciembre de 1221 -fallecido ya Santo Domingo- dirigió otra de tenor parecido al mencionado Obis­po de Barcelona. Fr. Miguel de Fabra figura pronto relaciona­do con el Rey Jaime I; estuvo a su lado en la conquista de Ma­llorca (1229) y de Valencia (1238). En Palma de Mallorca le entregó el Rey unos terrenos cercanos al palacio de la Almu­daina para que fundara convento. En él entró el Beato Miguel Bennazar. En 1239 recibió también donación de terrenos para edificar convento en Valencia. Jaime I le nombró ejecutor tes­
tamentario, junto con sus hermanos de hábito, San Raimundo de Peñafort, Fr. Berenguer de Castellbisbal y Fr. Guillermo Barberá. Murió en Valencia poco después de 1248. Sus restos estuvieron en el antiguo Convento de Predicadores hasta prin­cipios de 1936. Desde 1964 se hallan bajo el altar de Santo Domingo en la Basílica de San Vicente Ferrer, de Valencia.
San Vicente Ferrer (1350-1419)
Con San Vicente Ferrer la Provincia dio a la Iglesia, en el «Otoño de la Edad Media», una de las figuras más destacadas de todos los tiempos en el campo de la predicación sin fronte­ras.
Nació en Valencia en 1350, precisamente en este mismo solar sobre el que se asienta nuestra comunidad, inmediatamente después de la «Peste Negra»; Catalina de Siena contaba por entonces tres años de edad. Ingresó tempranamente en el Convento de Pre­dicadores de su ciudad natal (1367); pocos meses después de la profesión (1368) fue enviado a cursar Lógica al Estudio General de Barcelona (1368); enseñó esta materia en el Estu­dio Provincial de Lérida (1370-1372); aquí estudió también Naturales; tuvo como formador a fr. Tomás Carnicer, hombre insigne en santidad, del que San Vicente hará, pasado el tiem­po, elogio en su predicación.
 
Fue destinado de nuevo al Estudio General de Barcelona para cursar Sagrada Escritura y Teología (1372-1376); enseñó Naturales en dicho Convento; en esta primera etapa de su for­mación compuso dos opúsculos filosóficos -De suppositioni­bus dialecticis y Quaestio solemnis de unitate universalis-; en 1376 fue asignado a estudiar Teología al Estudio General de Toulouse.
En 13791o eligieron Prior de su Convento de Valencia, pero renunció al año siguiente; en 1380 escribió un tratado sobre el Cisma -Tractatus de Moderno Schismate-, que dedicó al rey de Aragón Pedro IV el Ceremonioso; en 1381 predicó la Cua­resma en Valencia.
El Cardenal Pedro de Luna, que participó, tanto en la elec­ción de Urbano VI como en la contraelección de Clemente VII, le encargó predicar en Valencia a favor de la legitimidad de este último; con el mencionado Tratado sobre el Cisma pre­tendía convencer al rey de Aragón de que el Papa legítimo era el de Avignón, es decir, Clemente VII; Pedro IV se mantenía neutral. El Cardenal le pidió que le acompañara en sus visitas a las Cortes de Castilla y Aragón, con el fin de inclinar a los monarcas a favor de Clemente VII; el rey Pedro IV de Aragón no se dejó convencer.
San Vicente volvió a Valencia y en 1385 fue nombrado Pro­fesor de Teología en la Escuela catedralicia. «En este oficio magistral pasa San Vicente seis años, los más tranquilos, los más fecundos de su docencia escolar, pero sin abandonar la predicación» (V Forcada). Se sabe que en 1386 predicó la Cua­resma en Segorbe; en 1389 fue nombrado Maestro en Teolo­gía y Predicador General. Renunció a su cátedra en la Seo de Valencia en 1390; le sucedió fr. Antonio Canals; en 1392 fue nombrado confesor de la reina Violante.
Pedro de Luna, elegido Papa con el nombre de Benedicto XIII, le llamó a la Corte pontificia de Avignón en 1396; vivió dos años en la Curia, como Capellán, Confesor del Papa y Pe­nitenciario apostólico. En 1398 consiguió permiso para resi­dir en el Convento dominicano de la ciudad. Su salud se resin­tió gravemente y, en el curso de la enfermedad, tuvo una experiencia espiritual que para él fue decisiva: Cristo, acom­pañado de Santo Domingode Guzmán y San Francisco de Asís, le encargó ir por el mundo a predicar el Evangelio; fue él mis­mo quien lo relató en carta a Benedicto XIII.
El 22 de noviembre de 1399 se despidió del Papa quien, al año siguiente -1400-, retendrá en Avignón al hermano de San Vicente, el cartujo fr. Bonifacio Ferrer, cuando regresaba de participar en el Capítulo general en la Gran Cartuja de Gre­noble; le prestó un gran apoyo en su condición de jurista.
San Vicente comenzó a predicar dentro del condado Vene­sino; iba en calidad de Legado de Cristo -Legatus a latere Christi-, y con amplios poderes de Benedicto XIII. Carpentras fue uno de los primeros lugares que tuvieron el privilegio de escuchar su predicación evangélica. Siguió predicando por la Provenza: en los entornos de la Gruta de Santa María Magda­lena -la Saint Baume-, Saint Trophime d"Arlés, Aix-en-Pro­vence, Marsella (finales de 1400 y comienzos de 1401). Su celo por la salvación de las almas le impulsó a entrar en el Delfinado, Saboya, Piamonte, valles de los Alpes.
Dio cuenta al Maestro de la Orden de sus correrías apostó­licas y del espíritu con que las realizaba. A1 referirse al Pia­
monte escribía al citado Maestro de la obediencia de Avignón, Juan de Puynoix: «Recorrí la diócesis de Turín, visitando por orden cada una de las localidades y predicando la verdad ca­tólica en contra de los errores en que estaban sumergidas es­tas buenas gentes. Gracias a Dios, han recibido la doctrina con un fervor y un respeto que conmueven, cooperando el Señor con su divina gracia a mis palabras y dignándose confirmar­las. He observado que todos estos errores, todas estas herejías procedían principalmente de la falta de predicadores, pues hace treinta años que no les había visitado ninguno, como no fueran los heréticos Valdenses, que iban de Aquilea dos veces al año. ¡Qué responsabilidad, Venerable Maestro, pesa sobre los Prelados y los que por su profesión están obligados a pre­dicar!, los cuales, ¡ah!, prefieren estar en las grandes ciuda­des, en donde tienen buenas habitaciones con todas las como­didades, mientras se pierden las almas por las que murió Jesucristo.»
Escribe esta carta desde Ginebra, el 17 de noviembre de 1403. Decía también en ella que se disponía a pasar a Lausana, donde las gentes adoraban públicamente al Sol: «Según dice el Obispo -añadía- que ha venido dos o tres veces a pedirme que vaya, hay en los límites de Alemania y Saboya ciudades enteras pobladas de herejes.»
En marzo de 1404 se hallaba por Friburgo y sus alrededo­res; en septiembre recorría tierras de Lyon, donde acudían miles de personas a recibir su mensaje, dispuestas a comenzar una vida nueva. Le seguían clérigos, religiosos, laicos, nobles, ricos y pobres, que formaban una «Compañía», o familia es­piritual; algo parecido había ocurrido un cuarto de siglo antes en torno a Catalina de Siena.
A partir de noviembre de 1405 recorre San Remo, Savona, Génova. Sobre el modo de predicar escribía el Rector de la Universidad de París, Nicolás de Clemanges, desde la ciudad de Génova y en este año 1405: «Nadie mejor que él sabu la Biblia de memoria, ni la entiende mejor, ni la cita más a pro­pósito. Su palabra es tan viva y tan penetrante, que inflama, como una tea encendida, los corazones más fríos [...] Para ha­cerse comprender mejor se sirve de metáforas numerosas y admirables, que ponen las cosas a la vista [...] ¡Oh si todos los que ejercen el oficio de predicador, a imitación de este santo hombre, siguieran la institución apostólica dada por Cristo a sus Apóstoles y a los sucesores! Pero, fuera de éste, no he en­contrado uno sólo».
Con frecuencia sus sermones eran tomados por escrito al ritmo de su predicación; después se multiplicaban las copias de las que quedan numerosas muestras por los archivos y bi­bliotecas de Europa; con la imprenta comenzaron las edicio­nes y se sigue trabajando en este cometido de manera eficaz en nuestros días.
Hasta 1408 estuvo por el norte de Italia (Piacenza, Milán) y zonas de Francia; en octubre se hallaba en Marsella. Después entra de nuevo en España, de donde había salido hacía doce años. En la primavera de 1409 se le localiza en Gerona-predica en la escalinata y plaza cercana a la iglesia de Santo Domingo-, pacifica a los habitantes de Vic y su comarca; su itinerario si­gue hacia Manresa, Lérida (dic. 1409), Barcelona, Tarragona, Montblanch (Tarragona), Tortosa (mar. 1410), Morella, Catí, San Mateo, Valencia (jun.-ag. 1410), Teulada, Denia, Liria, Albaida, Játiva, Alcoy, Orihuela, Murcia, Lorca, Chinchilla (mayo 1411), Albacete, Toledo, Valladolid, Tordesillas, Medina de Rioseco (en. 1412), Zamora, Salamanca (feb.-mar. 1412), Segovia, Plasencia. Son sólo algunas ciudades o poblaciones de las muchas que evangelizó en este período.
El 12 de abril de 1412 entraba en la ciudad de Caspe para mediar en el pleito sucesorio que se planteó a la muerte de Martín 1 el Humano. Fue elegido representante de Valencia,
junto con su hermano fr. Bonifacio y Giner Rabasa, a quien más tarde sustituyó Pedro Bertrán. El 28 de junio se hizo pú­blica de manera solemne la sentencia final a favor de Fernan­do de Antequera, infante de Castilla, -Fernando I-. Desde Caspe envió Bonifacio Ferrer una carta a los Jurados de Va­lencia en que decía que su hermano, el Maestro Vicente, pre­dicaba todos los días a mediodía en la plaza. Concluido el «Compromiso de Caspe» se desplazó «de ciudad en ciudad, de villa en villa, de castillo en castillo, procurando el honor de Dios», como recordaba él a sus oyentes que hacía en su tiem­po Jesucristo.
Pasó a Alcañiz, Castellón (verano de 1412), Lucena, Lérida, Balaguer, Sagunto (26 nov. 1412), Valencia (29 nov. 1412); predica la Cuaresma de 1413 en su ciudad natal, San Mateo, Tortosa, Mallorca (ag. 1413), Tortosa (en.-feb. 1414); aquí participa en una disputa y escribe un Tratado contra los judíos; en mayo de 1414 estaba en Tamarit (Tarragona), Daroca (jun. 1414). En julio del mismo año se encontraba en Morella; se hallaban también allí Benedicto XIII y el rey Fer­nando I de Aragón; el Papa Luna no aceptó entrar por la vía de la renuncia para dar unidad a la Iglesia; el Cisma por en­tonces se había enredado aún más; se disputaban la primacía sobre la Iglesia tres Papas: Gregorio XII, Benedicto XIII y Juan XXIII.
En el Archivo de la Catedral de Valencia se conserva una Biblia anotada por el Santo que le acompañó en sus viajes por lo menos hasta 1414; de ella se ha hecho recientemente una edición facsímil.
San Vicente estaba en Zaragoza el 1° de noviembre de 1414, día en que se abrió el Concilio de Constanza (1414-1418). Entre otros lugares en que predicó podemos recordar: Cala­tayud, Graus (jun. 1415), Barbastro, Ainza (jul. 1415), Bena­barre, Cervera-donde se recuerda que Santo Domingo le con fortó para los duros combates que todavía le esperaban-, San­ta Coloma de Queralt, Coblliure, Perpignán (verano 1415). Hasta esta última ciudad llegó por entonces el emperador Segismundo, representantes del Concilio de Constanza y el rey Fernando I de Aragón -que iba muy enfermo-, para negociar la renuncia de Benedicto XIII; éste, sin embargo-, no hizo nada por la unidad. E16 de enero de 1416 fr. Vicente Ferrer anunció en la Catedral de Perpignán la sustracción de la obediencia del rey de Aragón al Papa Luna.
Pidieron a San Vicente con insistencia que fuera al Conci­lio de Constanza, pero él se sentía urgido de manera irresisti­ble a continuar la evangelización de los hombres de su tiem­po. Estuvo en Dijón y después recorrió lugares del mediodía de Francia, que tantos recuerdos de Santo Domingo traían a su memoria: Narbona, Béziers, Castelnaudary, Toulose, Pamiers, Caramán, Alby (antes de Pentecostés de 1416).
Un testigo escribía: «El Santo era viejo, débil y pálido; pero después de decir la misa y cuando predicaba parecía joven, en buen estado de salud, ágil y lleno de vida.» Se internó en la Auvernia, región central de Francia; estuvo, entre otras ciuda­des, en Rodez, Le Puy (oct. 1416); pasó a la zona de Dijón, Besangon, Nevers, Bourges, Tours; entró en la Bretaña y en esta región transcurrirá los catorce últimos meses de su vida (8 feb. 1418 - 5 ab. 1419). Falleció en Vannes el 5 de abril de 1419, a los 69 años de edad.
En su famoso «Tratado de la Vida Espiritual» escribió unas líneas programáticas para el fraile Predicador; en ellas pode­mos hallar «su propio retrato como predicador evangélico, tipo completo del predicador itinerante, interiormente cristiforme, que externamente es predicador pobre, viaja a pie, sin dinero, sin recibir estipendio, casi sin bagaje personal; guarda en lo posible las observancias de su Orden, ayuna, no come carne, viste siempre su hábito, viste lana a raíz de su carne martirizada
por las penitencias; fiel a la oración litúrgica, recita perseve­rantemente las horas y celebra con solemnidad el sacrificio eucarístico todos los días. Guarda sus horas de silencio regu­lar, como su Padre Santo Domingo, hasta por los caminos; tie­ne largas horas de oración personal, es un contemplativo que llega frecuentemente al éxtasis, sin por ello dejar las prácticas penitenciales; se disciplina con fuerza, aunque no tome parte activa en las procesiones de sus disciplinantes; ellos son los penitentes, él es el maestro de vida.» (J. Ma de Garganta).
Su sepulcro se halla en la Catedral de Vannes; fue canoni­zado por el Papa Borja, Calixto III, en 1455.
 
San Luis Bertrán y su «Escuela de Espiritualidad»
Juan Luis, hijo del notario Luis Bertrán y de Juana Angela Exarch, nació en Valencia el 1 de enero de 1526. Ingresó en la Orden, profesando en el Convento de Predicadores de Valen­cia el 27 de agosto de 1545. Concluidos los estudios institu­cionales fue ordenado sacerdote en 1547.
Poco después fue enviado al recién fundado Convento de Santa Cruz, de Llombay, junto con el venerable Micó, y, a raíz de la muerte de su padre, fue retenido en Valencia para el car­go de Maestro de novicios en 1549. A raíz de la gran peste que asoló Valencia entre 1555 y 1557, muchos religiosos fueron repartidos por otros Conventos, y a fr. Luis le tocó ir al de Santa Ana, de Albaida, al frente de cuya comunidad estuvo algún tiempo. En 1560 fue reintegrado a su cargo de Maestro de no­vicios en Predicadores de Valencia.
 
No obstante, su espíritu misionero se imponía, dando lugar a una nueva etapa de su vida. El 14 de febrero de 1562 partía con otro compañero para embarcar rumbo a Nueva Granada, donde estuvo por espacio de siete años, padeciendo inconta­bles trabajos y tribulaciones, peligros de su propia vida, de­jando constancia, a pesar de la escasa salud que tenía, de infa­tigable labor apostólica y fama de santidad, avalada por numerosos milagros. El campo de su actividad misionera he­mos de situarlo en tierra adentro de Cartagena de Indias, cen­trado en Tubará y en la zona montañosa de Santa Marta. Ante la imposibilidad de frenar los abusos de encomenderos espa­ñoles que impedían la evangelización, después de consultar con el famoso Obispo dominico Bartolomé de las Casas para tranquilidad de conciencia, optó por regresar a España. Era el año 1569.
En 1570 fue elegido Prior del Convento de San Onofre, en el término de Museros (Valencia), y, al concluir el trienio, le encargaron de nuevo la formación de los novicios, cargo en el que estuvo hasta el 15 de mayo del año 1575 en que fue elegi­do Prior del Convento de Predicadores de Valencia. Concluido el tiempo de mandato desempeñó aún, por última vez, el car­go de Maestro de novicios.
Luis Bretrán fue fraile penitente en grado máximo y con gran tendencia hacia la vida contemplativa que hacía plena­mente compatible con una intensa actividad externa. Su plena dedicación al estudio, oración y predicación, permiten catalo­garlo como una personificación del ideal de la Orden. A pesar de alguna sequedad externa, a causa de cierta sordera y mio­pía que le aquejaron durante gran parte de su vida, alcanzó una gran popularidad entre gentes de todas las clases sociales. Su santidad de vida, ratificada muy a menudo por gracias extraor­dinarias, se imponía. Amigo de los mejores, tenía la rara cua­lidad de mejorar a quienes querían merecer su amistad. En cuanto Prior hay que considerarlo como ejemplo e impulsor de la estricta observancia restaurada, consiguiendo días de es­plendor religioso en los Conventos de cuyos prioratos tuvo que hacerse cargo, y al mismo tiempo se le veía dotado de agudo sentido práctico que le permitía mantener un sano equilibrio entre las exigencias de la vida religiosa y las necesidades o conveniencias materiales.
Después de larga y penosa enfermedad murió en Valencia el 9 de octubre de 1581. Beatificado por Pablo V el 19 de julio del 1608, fue canonizado solemnemente por Clemente XII el 12 de abril del 1671.
San Luis Bertrán fue un excepcional Maestro de novicios y formador de religiosos, celosísimo y eficiente misionero y pre­dicador popular, religioso de sólida cultura eclesiástica, crea­dor de una «Escuela de Espiritualidad», en cuanto que su in­flujo no se limitó a sus escritos sino también a su magisterio oral. El será la encarnación viva de la confluencia de las dos corrientes de reforma existentes -la castellana y la valencia­na- y de esa vida que brotaba de su rica espiritualidad. Y no sólo él, sino también su ya señalada «Escuela», que además trascendió a través de los discípulos formados en sus Novi­ciados y Estudiantados, a todas las regiones de la Provincia de Aragón (Juan Vidal; Martín Juárez; Francisco Ferrandis; An­tonio Creus; Bartolomé Pavía; Domingo Anadón; Pedro del Portillo; Francisco Montón; Tomás Arenas; Vicente Justiniano Antist; Luis Istela; Francisco Sala; Andrés Balaguer; Jeróni­mo Bautista de Lanuza; Miguel Lázaro; Gaspar Catalán de Monsonís; Bartolomé Riera; Vicente Más; Luis Vero; Vicente Ferrer Mallent; Onofre Vidal; Dionisio Botella; Pedro Lloret; Juan Pérez; etc.). Y es que no serán sólo miembros del Con­vento de Predicadores de Valencia; a su vera acudieron domi­nicos venidos de Mallorca, Cataluña y Aragón, donde irradia­ron a su vez dicha Reforma. Y así pasó a Mallorca por obra de Pedro Mártir Coma y cobró poco más adelante nuevos carac­teres a principios del siglo XVII en Cataluña al llegar a plena sazón el impulso de santidad del Venerable Antonio Vicente Domenech y del Venerable Pedro Juan Guasch.
Lo señalado por el Concilio de Trento en relación con la predicación, coincidió en la Provincia con una plenitud de vida espiritual y de celo apostólico que permitió superar difi­
cultades, mantener y acrecentar la acción ministerial de la pa­labra.
Fruto también de Trento o, por lo menos, en la línea de su obra hay que considerar entre los frailes de la Provincia la in­tensificación de los estudios bíblicos, con una producción exe­gética abundante y notable, representada por Tomás Maluenda y una amplísima repercusión en la predicación, como puede verse en la ingente obra de Jerónimo Bautista de Lanuza.
Otro de los aspectos interesantes de la eficaz asimilación por los dominicos reformados del espíritu tridentino es el de su par­ticipación en la Iglesia a través de una serie de hombres pro­movidos al episcopado. En aquel momento aquellos dominicos ocupan con espíritu de Obispos tridentinos varias sedes y refor­man diócesis. Recordemos algunos nombres: Pedro Mártir Co­ma en la de Elna; Juan Izquierdo en Tortosa; Andrés Balaguer en Albarracín y Orihuela; Jerónimo Bautista de Lanuza en Bar­bastro yAlbarracín; Simón Bauzá en Mallorca; Isidoro deAlia­ga de Albarracín, Tortosa y Valencia. Un estudio reposado del talante de estos hombres y de su acción pastoral nos colocaría ante una realidad bastante homogénea, y es que se trataba de un equipo pastoral que antes ha sido «Escuela espiritual».
Así llegamos al siglo XVI, que para el valenciano Conven­to de Predicadores fue su «Siglo de Oro», y tal vez para toda su Provincia de Aragón. Una de sus expresiones es la cantidad de nuevas fundaciones que irán apareciendo: Ayerbe (1543), Llombay (1545), Ayora (1561), Tortosa (1571), Vich (1571), Caspe (1571), Manacor (1576), Peralada (1578), Ayodar (1578), Pollensa (1578), Ollería (1579), Castellón de la Plana (1579), Lloret (1580), Ibiza (1580), Ciutadilla (1582), Zara­goza (1584), Alicante (1586), San Lorenzo de Moruny (1587), Almenara (1587), Algemesí (1588), Alfajarín (1590), Vi­llanueva de Castellón (1590), Ulldecona (1593), Agullente (1595), Albarracín (1599), Graus (1599), etc.
 Gracias a esta acción reformadora y de observancia, se dio en aquellos dominicos una profundización en la vida espiri­tual, en el estudio y una fidelidad a las tradiciones primitivas de la Orden, tal como eran entendidas en esos momentos, de gran fecundidad apostólica y vital. Además en Valencia con­cretamente, se dio un nuevo aprecio por San Vicente Ferrer y especialmente de su Tratado de la Vida Espiritual..
 
Fray Juan de Puigventós
Su vida se desarrolló en Valencia y desplegó una gran acti­vidad como evangelizador de los nuevos convertidos al cristia­nismo en la última parte del siglo XIII; le encargó tal ministe­rio el rey deAragón Pedro III (1279). En el Capítulo provincial de Estella (1281) fue nombrado Profesor de árabe en el Estu­dio de Valencia; uno de los discípulos que le asignaron; fr. Juan Serrano, pertenecía al Convento de Córdoba. «El amor con que el bendito varón se empleaba así en leer y enseñar el Arábigo a los religiosos para que aprendiéndolo pudiesen predicar a los moros y convertidos, como en tener a su cargo a todos los nue­vos convertidos del reino de Valencia, era tan grande que lo hacía principal en Santidad.» (Diago, Historia de la Provincia deAragón). Murió en el Convento deValencia el 13 de noviem­bre de 1301 y se le ha dado el título de Beato.