San Vicente Ferrer. Palma de Mallorca

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 Casa de San Vicente Ferrer

Fund.: 1576 y Rest.: 1908
Parroquia "Inmaculada Concepción"
SON SARDINA
Plaza Monseñor Mayrata, 4
07120 PALMA DE MALLORCA -Baleares-
 
Tel.: 971 43 91 20; Tel. y Fax: 971 43 95 91
Móvil de la Parroquia: 679 14 25 06
E-mail: opbalear@infonegocio.com
 
Comunidad
 
Fr. Braulio González Romero,
        Lic.Teol., Lic. Estudios Orientales. Superior
Fr. Pedro Sánchez Rodríguez,
       Lic. Teol.
Fr. José Manuel Millán Martínez
       Hermano Cooperador
 
 
        Presbíteros .......................................... 2
       Hermanos Cooperadores ......................... 1
       Total ................................................... 3
 
Este Convento, fundado en 1576, es uno de los primeros de la restauración de la presencia dominicana pues fue en 1908. En la actualidad asume la prioridad de la predicación desde Palma, a través de la presencia en los medios culturales y universitarios.
 
Nuestros antepasados
 
 
San Vicente Ferrer (1350-1419)
Con San Vicente Ferrer la Provincia dio a la Iglesia, en el «Otoño de la Edad Media», una de las figuras más destacadas de todos los tiempos en el campo de la predicación sin fronte­ras.
Nació en Valencia en 1350, precisamente en este mismo solar sobre el que se asienta nuestra comunidad, inmediatamente después de la «Peste Negra»; Catalina de Siena contaba por entonces tres años de edad. Ingresó tempranamente en el Convento de Pre­dicadores de su ciudad natal (1367); pocos meses después de la profesión (1368) fue enviado a cursar Lógica al Estudio General de Barcelona (1368); enseñó esta materia en el Estu­dio Provincial de Lérida (1370-1372); aquí estudió también Naturales; tuvo como formador a fr. Tomás Carnicer, hombre insigne en santidad, del que San Vicente hará, pasado el tiem­po, elogio en su predicación.
 
Fue destinado de nuevo al Estudio General de Barcelona para cursar Sagrada Escritura y Teología (1372-1376); enseñó Naturales en dicho Convento; en esta primera etapa de su for­mación compuso dos opúsculos filosóficos -De suppositioni­bus dialecticis y Quaestio solemnis de unitate universalis-; en 1376 fue asignado a estudiar Teología al Estudio General de Toulouse.
En 13791o eligieron Prior de su Convento de Valencia, pero renunció al año siguiente; en 1380 escribió un tratado sobre el Cisma -Tractatus de Moderno Schismate-, que dedicó al rey de Aragón Pedro IV el Ceremonioso; en 1381 predicó la Cua­resma en Valencia.
El Cardenal Pedro de Luna, que participó, tanto en la elec­ción de Urbano VI como en la contraelección de Clemente VII, le encargó predicar en Valencia a favor de la legitimidad de este último; con el mencionado Tratado sobre el Cisma pre­tendía convencer al rey de Aragón de que el Papa legítimo era el de Avignón, es decir, Clemente VII; Pedro IV se mantenía neutral. El Cardenal le pidió que le acompañara en sus visitas a las Cortes de Castilla y Aragón, con el fin de inclinar a los monarcas a favor de Clemente VII; el rey Pedro IV de Aragón no se dejó convencer.
San Vicente volvió a Valencia y en 1385 fue nombrado Pro­fesor de Teología en la Escuela catedralicia. «En este oficio magistral pasa San Vicente seis años, los más tranquilos, los más fecundos de su docencia escolar, pero sin abandonar la predicación» (V Forcada). Se sabe que en 1386 predicó la Cua­resma en Segorbe; en 1389 fue nombrado Maestro en Teolo­gía y Predicador General. Renunció a su cátedra en la Seo de Valencia en 1390; le sucedió fr. Antonio Canals; en 1392 fue nombrado confesor de la reina Violante.
Pedro de Luna, elegido Papa con el nombre de Benedicto XIII, le llamó a la Corte pontificia de Avignón en 1396; vivió dos años en la Curia, como Capellán, Confesor del Papa y Pe­nitenciario apostólico. En 1398 consiguió permiso para resi­dir en el Convento dominicano de la ciudad. Su salud se resin­tió gravemente y, en el curso de la enfermedad, tuvo una experiencia espiritual que para él fue decisiva: Cristo, acom­pañado de Santo Domingode Guzmán y San Francisco de Asís, le encargó ir por el mundo a predicar el Evangelio; fue él mis­mo quien lo relató en carta a Benedicto XIII.
El 22 de noviembre de 1399 se despidió del Papa quien, al año siguiente -1400-, retendrá en Avignón al hermano de San Vicente, el cartujo fr. Bonifacio Ferrer, cuando regresaba de participar en el Capítulo general en la Gran Cartuja de Gre­noble; le prestó un gran apoyo en su condición de jurista.
San Vicente comenzó a predicar dentro del condado Vene­sino; iba en calidad de Legado de Cristo -Legatus a latere Christi-, y con amplios poderes de Benedicto XIII. Carpentras fue uno de los primeros lugares que tuvieron el privilegio de escuchar su predicación evangélica. Siguió predicando por la Provenza: en los entornos de la Gruta de Santa María Magda­lena -la Saint Baume-, Saint Trophime d"Arlés, Aix-en-Pro­vence, Marsella (finales de 1400 y comienzos de 1401). Su celo por la salvación de las almas le impulsó a entrar en el Delfinado, Saboya, Piamonte, valles de los Alpes.
Dio cuenta al Maestro de la Orden de sus correrías apostó­licas y del espíritu con que las realizaba. A1 referirse al Pia­
monte escribía al citado Maestro de la obediencia de Avignón, Juan de Puynoix: «Recorrí la diócesis de Turín, visitando por orden cada una de las localidades y predicando la verdad ca­tólica en contra de los errores en que estaban sumergidas es­tas buenas gentes. Gracias a Dios, han recibido la doctrina con un fervor y un respeto que conmueven, cooperando el Señor con su divina gracia a mis palabras y dignándose confirmar­las. He observado que todos estos errores, todas estas herejías procedían principalmente de la falta de predicadores, pues hace treinta años que no les había visitado ninguno, como no fueran los heréticos Valdenses, que iban de Aquilea dos veces al año. ¡Qué responsabilidad, Venerable Maestro, pesa sobre los Prelados y los que por su profesión están obligados a pre­dicar!, los cuales, ¡ah!, prefieren estar en las grandes ciuda­des, en donde tienen buenas habitaciones con todas las como­didades, mientras se pierden las almas por las que murió Jesucristo.»
Escribe esta carta desde Ginebra, el 17 de noviembre de 1403. Decía también en ella que se disponía a pasar a Lausana, donde las gentes adoraban públicamente al Sol: «Según dice el Obispo -añadía- que ha venido dos o tres veces a pedirme que vaya, hay en los límites de Alemania y Saboya ciudades enteras pobladas de herejes.»
En marzo de 1404 se hallaba por Friburgo y sus alrededo­res; en septiembre recorría tierras de Lyon, donde acudían miles de personas a recibir su mensaje, dispuestas a comenzar una vida nueva. Le seguían clérigos, religiosos, laicos, nobles, ricos y pobres, que formaban una «Compañía», o familia es­piritual; algo parecido había ocurrido un cuarto de siglo antes en torno a Catalina de Siena.
A partir de noviembre de 1405 recorre San Remo, Savona, Génova. Sobre el modo de predicar escribía el Rector de la Universidad de París, Nicolás de Clemanges, desde la ciudad de Génova y en este año 1405: «Nadie mejor que él sabu la Biblia de memoria, ni la entiende mejor, ni la cita más a pro­pósito. Su palabra es tan viva y tan penetrante, que inflama, como una tea encendida, los corazones más fríos [...] Para ha­cerse comprender mejor se sirve de metáforas numerosas y admirables, que ponen las cosas a la vista [...] ¡Oh si todos los que ejercen el oficio de predicador, a imitación de este santo hombre, siguieran la institución apostólica dada por Cristo a sus Apóstoles y a los sucesores! Pero, fuera de éste, no he en­contrado uno sólo».
Con frecuencia sus sermones eran tomados por escrito al ritmo de su predicación; después se multiplicaban las copias de las que quedan numerosas muestras por los archivos y bi­bliotecas de Europa; con la imprenta comenzaron las edicio­nes y se sigue trabajando en este cometido de manera eficaz en nuestros días.
Hasta 1408 estuvo por el norte de Italia (Piacenza, Milán) y zonas de Francia; en octubre se hallaba en Marsella. Después entra de nuevo en España, de donde había salido hacía doce años. En la primavera de 1409 se le localiza en Gerona-predica en la escalinata y plaza cercana a la iglesia de Santo Domingo-, pacifica a los habitantes de Vic y su comarca; su itinerario si­gue hacia Manresa, Lérida (dic. 1409), Barcelona, Tarragona, Montblanch (Tarragona), Tortosa (mar. 1410), Morella, Catí, San Mateo, Valencia (jun.-ag. 1410), Teulada, Denia, Liria, Albaida, Játiva, Alcoy, Orihuela, Murcia, Lorca, Chinchilla (mayo 1411), Albacete, Toledo, Valladolid, Tordesillas, Medina de Rioseco (en. 1412), Zamora, Salamanca (feb.-mar. 1412), Segovia, Plasencia. Son sólo algunas ciudades o poblaciones de las muchas que evangelizó en este período.
El 12 de abril de 1412 entraba en la ciudad de Caspe para mediar en el pleito sucesorio que se planteó a la muerte de Martín 1 el Humano. Fue elegido representante de Valencia,
junto con su hermano fr. Bonifacio y Giner Rabasa, a quien más tarde sustituyó Pedro Bertrán. El 28 de junio se hizo pú­blica de manera solemne la sentencia final a favor de Fernan­do de Antequera, infante de Castilla, -Fernando I-. Desde Caspe envió Bonifacio Ferrer una carta a los Jurados de Va­lencia en que decía que su hermano, el Maestro Vicente, pre­dicaba todos los días a mediodía en la plaza. Concluido el «Compromiso de Caspe» se desplazó «de ciudad en ciudad, de villa en villa, de castillo en castillo, procurando el honor de Dios», como recordaba él a sus oyentes que hacía en su tiem­po Jesucristo.
Pasó a Alcañiz, Castellón (verano de 1412), Lucena, Lérida, Balaguer, Sagunto (26 nov. 1412), Valencia (29 nov. 1412); predica la Cuaresma de 1413 en su ciudad natal, San Mateo, Tortosa, Mallorca (ag. 1413), Tortosa (en.-feb. 1414); aquí participa en una disputa y escribe un Tratado contra los judíos; en mayo de 1414 estaba en Tamarit (Tarragona), Daroca (jun. 1414). En julio del mismo año se encontraba en Morella; se hallaban también allí Benedicto XIII y el rey Fer­nando I de Aragón; el Papa Luna no aceptó entrar por la vía de la renuncia para dar unidad a la Iglesia; el Cisma por en­tonces se había enredado aún más; se disputaban la primacía sobre la Iglesia tres Papas: Gregorio XII, Benedicto XIII y Juan XXIII.
En el Archivo de la Catedral de Valencia se conserva una Biblia anotada por el Santo que le acompañó en sus viajes por lo menos hasta 1414; de ella se ha hecho recientemente una edición facsímil.
San Vicente estaba en Zaragoza el 1° de noviembre de 1414, día en que se abrió el Concilio de Constanza (1414-1418). Entre otros lugares en que predicó podemos recordar: Cala­tayud, Graus (jun. 1415), Barbastro, Ainza (jul. 1415), Bena­barre, Cervera-donde se recuerda que Santo Domingo le con fortó para los duros combates que todavía le esperaban-, San­ta Coloma de Queralt, Coblliure, Perpignán (verano 1415). Hasta esta última ciudad llegó por entonces el emperador Segismundo, representantes del Concilio de Constanza y el rey Fernando I de Aragón -que iba muy enfermo-, para negociar la renuncia de Benedicto XIII; éste, sin embargo-, no hizo nada por la unidad. E16 de enero de 1416 fr. Vicente Ferrer anunció en la Catedral de Perpignán la sustracción de la obediencia del rey de Aragón al Papa Luna.
Pidieron a San Vicente con insistencia que fuera al Conci­lio de Constanza, pero él se sentía urgido de manera irresisti­ble a continuar la evangelización de los hombres de su tiem­po. Estuvo en Dijón y después recorrió lugares del mediodía de Francia, que tantos recuerdos de Santo Domingo traían a su memoria: Narbona, Béziers, Castelnaudary, Toulose, Pamiers, Caramán, Alby (antes de Pentecostés de 1416).
Un testigo escribía: «El Santo era viejo, débil y pálido; pero después de decir la misa y cuando predicaba parecía joven, en buen estado de salud, ágil y lleno de vida.» Se internó en la Auvernia, región central de Francia; estuvo, entre otras ciuda­des, en Rodez, Le Puy (oct. 1416); pasó a la zona de Dijón, Besangon, Nevers, Bourges, Tours; entró en la Bretaña y en esta región transcurrirá los catorce últimos meses de su vida (8 feb. 1418 - 5 ab. 1419). Falleció en Vannes el 5 de abril de 1419, a los 69 años de edad.
En su famoso «Tratado de la Vida Espiritual» escribió unas líneas programáticas para el fraile Predicador; en ellas pode­mos hallar «su propio retrato como predicador evangélico, tipo completo del predicador itinerante, interiormente cristiforme, que externamente es predicador pobre, viaja a pie, sin dinero, sin recibir estipendio, casi sin bagaje personal; guarda en lo posible las observancias de su Orden, ayuna, no come carne, viste siempre su hábito, viste lana a raíz de su carne martirizada
por las penitencias; fiel a la oración litúrgica, recita perseve­rantemente las horas y celebra con solemnidad el sacrificio eucarístico todos los días. Guarda sus horas de silencio regu­lar, como su Padre Santo Domingo, hasta por los caminos; tie­ne largas horas de oración personal, es un contemplativo que llega frecuentemente al éxtasis, sin por ello dejar las prácticas penitenciales; se disciplina con fuerza, aunque no tome parte activa en las procesiones de sus disciplinantes; ellos son los penitentes, él es el maestro de vida.» (J. Ma de Garganta).
Su sepulcro se halla en la Catedral de Vannes; fue canoni­zado por el Papa Borja, Calixto III, en 1455.
 
 
Fr. Miguel Bennazar
 
 Este religioso pro­cedía de una noble familia musulmana e ingresó en el recién fundado Convento de Palma de Mallorca, donde fue discípulo de fr. Miguel de Fabra. Desarrolló una gran actividad como predicador y gozó merecida fama de santidad. Su sepulcro se veneró en el Convento de Palma hasta la exclaustración de 1835; después pasó a la Catedral; en 1975 se hizo traslado a la iglesia del Convento de San Vicente Ferrer, de Manacor.