Nacido en Alfaro (Rioja) en 1877, ingresa en el Seminario de San Gaudioso de Tarazona. Inquieto por la vida religiosa hace el noviciado y profesa en la Compañía de Jesús en Veruela (Zaragoza). Desiste ser jesuita y vuelve a la diócesis de Tarazona. Allí recibe el presbiterado en 1911. La vida religiosa sigue bullendo en su mente y en su corazón, y pide ser admitido en la Orden dominicana (1928).
En las recreaciones procuraba a la Comunidad no pocos motivos de alegría con su jovialidad y con sus salidas, y eso que por naturaleza tendía más bien a la tristeza.
Impacta en la sociedad calandina y en la prensa madrileña (1931) por una novena sobre la doctrina social de la Iglesia y es considerado, por tal motivo, 'defensor del pueblo' por muchos socialistas de Calanda.
Excelente pedagogo de la lengua latina, escribe una Gramática clara y asequible para los alumnos.
Se le veía a veces un tanto abatido ante el futuro que intuía conflictivo. Era un fondo de humildad y conciencia de pequeñez que le hacía sentirse poca cosa en momentos difíciles. No le importaba morir, pero le preocupaba el no estar a la altura de las circunstancias. Sin embargo hizo frente a momentos duros.
Humanamente se le podía considerar buen pedagogo, pastoralmente fue un predicador apóstol de la doctrina social de la Iglesia. Excelente compañero en la vida comunitaria, dotado de gracia especial para la convivencia. Espiritualmente era de profunda piedad y vigoroso sentido ascético.
Refugiado en una casa y rechazado en otras, decide, 29 de julio, ir a la plaza del pueblo y esperar... Fue rechazado en varias casas, ya que la presencia de un fraile resultaba peligrosa. Saboreó la amargura de quienes se lo habían ofrecido todo y a la hora de la verdad, se lo negaron todo. No le quedó más refugio que sentarse en un banco de la plaza de Calanda y esperar. Poco después era apresado y conducido donde estaban los demás. Aquella misma noche fueron fusilados.