Nació el 7 de marzo de 1891 en Aiguafreda (Barcelona). Cursó la instrucción primaria con los Padres de la Sagrada Familia de su pueblo. Cuando cumplió 15 años se dirigió al convento de San Juan Bautista de Corias (Asturias) donde vistió el hábito de la Orden y en 1911 hizo la profesión solemne.
Recién asignado al convento de San Esteban de Salamanca pidió formar parte del grupo de restauradores de la Provincia de Aragón. En nuestra Provincia estudió los cursos de teología y fue ordenado de sacerdote en 1915.
Enseñó humanidades a los apostólicos de Solsona y superior después en Calanda. Trasladado a Barcelona incrementó las funciones del culto divino y embelleció la capilla del Santísimo Sacramento.
Formador de jóvenes aspirantes a la vida dominicana durante muchos años, y posteriormente varón dedicado al ministerio en el culto en la iglesia conventual. Apóstol de la Eucaristía y promotor de la devoción al Rosario.
Procedente de una familia de hondas raíces cristianas, llegó al martirio al mismo tiempo que su hermano Miguel, terciario dominico, padre de familia, víctima de la persecución del 1936, por su catolicismo a ultranza, y defensor de la fe.
Abandonó el convento el mismo día 19 de julio de 1936 y hasta, probablemente, el día de la Asunción de la Virgen encontró refugio en casas de familias muy afectas a la Orden. Al tener que dejar el convento y refugiarse en una casa vecina, fue testigo del incendio de la iglesia y de su capilla del Santísimo, que le afectó profundamente. Para no comprometer a sus protectores tuvo que cambiar de refugio hasta parar en una pensión dirigida por extranjeros, donde se consideró seguro. De todos modos se había hecho a la idea del martirio, si era la hora de Dios.
Su misma fidelidad al sacerdocio le delató. Preguntado si era sacerdote contestó rotundamente que sí. No hacía falta más. Después de dos días de encierro, en los que fue muy molestado, fue fusilado en un suburbio de Barcelona. Fue sereno y contento. Envió a su madre un recado de que estaba contento. El día 21 de agosto fue fusilado el P. Ramón Peiró en El Morrot (suburbio de Barcelona).
Cuando fue martirizado tenía 45 años de edad, 28 de vida religiosa y 21 de presbítero.